Solar impulse ¿Aviones que no usan fuel?

Solar impulse ¿Aviones que no usan fuel?
Solar Impulse es un avión que solo usa energía del sol y no emite CO2 a la atmósfera ni contribuye al cambio climático. Ha completado una vuelta al mundo.

Hay algunos hitos del transporte que se han convertido en parte de la historia del progreso tecnológico de la humanidad. La primera vez que alguien dio la vuelta al mundo, la primera vez que un avión atravesó el océano Atlántico, la primera vez que el ser humano pisó la Luna (y, más importante aún, los astronautas volvieron a la Tierra sanos y salvos), etc. En este sentido, el avión Solar Impulse está batiendo récords y superando dificultades técnicas y se ha convertido en un mito de las posibilidades de las energías renovables aplicadas a los medios de transporte.

Es la prueba palpable de que, en un futuro, cada vez más cercano, la humanidad podrá viajar sin la necesidad de usar combustibles fósiles.

No hay duda de que las emisiones contaminantes que se producen por los miles de desplazamientos diarios realizados en vehículos propulsados por derivados del petróleo son las más visibles. Además, llevan asociadas problemas respiratorios y de otro tipo que sufren los ciudadanos que viven en las grandes ciudades. Pero otros sectores, otros medios de transporte, quizá no tan visibles, son el verdadero problema del exceso de dióxido de carbono y otros gases contaminantes en la atmósfera.

Los últimos estudios señalan que las emisiones GEI (gases de efecto invernadero) de algunos sectores son mayores de las calculadas hasta ahora. Un claro ejemplo es el sector turístico. Según un estudio publicado por la revista Nature Climate Change, las emisiones asociadas a dicho sector igualan a las emitidas por los coches, situándose en un 8 % del total de emisiones mundiales.

El transporte de mercancías

Este aumento de las emisiones de CO2 del sector turístico se debe principalmente a que lleva aparejado un aumento de emisiones CO2 del tráfico aéreo. Las compañías de bajo coste han abaratado los viajes, de modo que cada vez más personas pueden permitirse viajar en avión para conocer otros lugares. Por tanto, la lucha contra el cambio climático pasa por reducir las emisiones asociadas al transporte y esto solo se puede conseguir si las alternativas a los combustibles fósiles son fiables y tienen un coste asumible.

Al problema medioambiental del transporte aéreo hay que sumar problemas de otro tipo, como la mayor frecuencia de ruido causada por despegues y aterrizajes, que afecta negativamente en la población que vive cerca de los aeropuertos. Según las últimas investigaciones, los niños que sufren este tipo de contaminación acústica disminuyen su rendimiento académico.

Por otra parte, si bien Europa está luchando por reducir sus emisiones GEI, el sector del transporte por carretera no consigue reducir este tipo de emisiones, según la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Algo similar ocurre con el transporte marítimo de mercancías, un sector que mueve más de 10.000 millones de toneladas al año y aumenta cada vez más. Esto supone el 90 % del comercio mundial y genera unas 800 millones de toneladas de emisiones GEI, algo más del 2 % del total de emisiones globales.

El transporte aéreo de mercancías es el más costoso, fundamentalmente por ser el que más energía necesita por kilómetro y tonelada transportada. En otras palabras, es, con mucha diferencia, el transporte de mercancías menos eficiente (por supuesto, en contraposición, es el más rápido). Es, asimismo, el medio de transporte que más energía consume (cifras equivalentes en litros de gasolina por pasajero por cada 100 km según ocupación media):

  • Tren de alta velocidad: 1,6.
  • Metro: 1,7.
  • Tren de cercanías: 2,3.
  • Autobús: 2,7.
  • Automóvil: 6.
  • Avión (recorriendo 750 km): 6,7.
  • Avión (recorriendo 250 km): 10,6.

De una Economía del petróleo a una Economía de renovables

Así, es urgente un cambio de paradigma en la tecnología del transporte aéreo. De ahí la importancia de proyectos como el Solar Impulse, un avión que solo utiliza energía solar. El primer vuelo del primer prototipo del proyecto Solar Impulse fue en abril de 2010 en Suiza. Eran vuelos de prueba, cortos (el primero no duró más de hora y media) y alcanzó una altura de 1.200 metros.

Ese mismo año, comenzó a batir récords. El más señalado quizá fue el de mantenerse en vuelo durante 26 horas y 9 minutos, demostrando que podía acumular energía suficiente para volar de noche, cuando la fuente de energía, el sol, desaparece. En esa época pulverizó otro récord, llegando a volar a una altura de 8.564 metros.

Un año después, en 2011, el Solar Impulse logró completar su primer vuelo internacional, despegando desde Dübendorf, en Suiza, y aterrizando en Bruselas, Bélgica. Un avión comercial propulsado solo por la energía solar dejó de ser una utopía para convertirse en un proyecto realizable en un futuro más o menos cercano.

Con todo, la andadura del proyecto no estuvo exenta de problemas. El intento del segundo vuelo internacional fracasó a causa de la climatología. Las nubes no permitieron que el avión solar consiguiera suficiente energía. Se ponía de relieve uno de los mayores inconvenientes de este tipo de fuente de energía, su intermitencia. Volar por la noche o en días muy nublados no iba a ser tan fácil.

En el otro lado del Atlántico, ya en 2013, completó otro hito: cruzar Estados Unidos de oeste a este, volando desde San Francisco a Nueva York.

La vuelta al mundo

Con un segundo modelo, llamado Solar Impulse HB-SIB, se preparó para el reto que todo medio de transporte de larga distancia quiere superar: la vuelta al mundo. Hicieron falta casi 3 años de preparación para conseguirlo.

El avión solar partió de Abu Dabi el 9 de marzo de 2015. Una de las mayores dificultades era atravesar el océano Pacífico. El Solar Impulse y su piloto aguardaron en Japón las condiciones climatológicas favorables. El 28 de junio despegó rumbo a Hawai, su próxima escala. En este trayecto, las baterías sufrieron daños considerables y tuvieron que ser reemplazadas por otras nuevas, lo que retrasó la continuación del viaje.

Hasta el 21 de abril de 2016, el Solar Impulse no pudo continuar su viaje. Cruzando el Pacífico, llegó a San Francisco. Durante este vuelo se produjo una comunicación por videollamada muy especial: el piloto habló con el entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, apoyando los Acuerdos de París y el desarrollo de las energías renovables y limpias.

Después de atravesar Estados Unidos, el Solar Impulse II sobrevoló de nuevo el Atlántico para llegar a Sevilla. De ahí, previo paso por El Cairo, llegó a la ciudad de origen, Abu Dabi, el 26 de julio de 2016. La vuelta al mundo solo con energía solar estaba completada.

Otros proyectos de transporte sostenible

La fundación que desarrolla el Solar Impulse apoya proyectos medioambientalmente responsables. Cabe destacar, en el sector del transporte, un sistema de propulsión para barcos a base de velas que busca reducir tanto el consumo de combustible como las emisiones de CO2 asociadas.

La empresa que desarrolla este proyecto, Bound4Blue, es española y forma parte del grupo que aspira a conseguir la etiqueta Solar Impulse Efficient Solution que otorga la fundación a ideas que desarrollen las energías renovables. Como en el caso de los barcos de carga, un sistema solar aún no es posible, esta idea de una serie de velas que complemente los sistemas de motor a gasolina cuando las condiciones climatológicas lo permitan se convierte en una idea eficiente y realizable.

Disminuyendo el consumo de fuel y convirtiendo el transporte marítimo en más eficiente y sostenible, la velas diseñadas por Bound4Blue podrían ser la solución al gran reto del sector, uno de los mayores emisores de gases nocivos del planeta. La razón de esta alta contaminación es el tipo de combustible que utilizan los barcos, que, además de dióxido de carbono, emite óxidos de azufre (SOx), muy contaminantes y dañinos para el medio ambiente.

Como no podía ser de otra forma, también hay proyectos encaminados a desarrollar un coche propulsado únicamente con energía procedente del sol. En este caso, es una empresa alemana, Sono Motors, la que ha diseñado un coche eléctrico que incorpora paneles solares a un precio asequible. El modelo se ha bautizado con el nombre de Sion.

Este vehículo solar cuenta con 330 células solares en el exterior de su carrocería. De momento, ofrece una autonomía de algo más de 30 kilómetros al día, suficiente para un viaje medio en las ciudades europeas. Cuenta también con una batería recargable de litio que ofrece una autonomía de 250 kilómetros. Pero lo mejor de este modelo Sion es el precio: 16.000 euros, muy por debajo de sus competidores eléctricos. De momento, casi 8.000 personas han reservado uno, que la compañía planea entregar a finales de 2019.

Durante la transición de una economía basada en la quema de combustibles fósiles a otra en la que las energías renovables sean la principal fuente energética, algunos temen una desaceleración de la economía y auguran la pérdida de puestos de trabajo. Sin embargo, ocurrirá todo lo contrario.

Recientes estudios calculan que se crearían más de 2 millones de puestos de trabajo en sectores que apuestan por una economía sostenible y responsable con el medio ambiente, no solo en empresas de energías renovables, sino también en la implementación de la eficiencia energética, especialmente en el sector de la construcción.

Por otra parte, no solo hay que tener en cuenta los empleos que se crean, sino también los que se conservan. El trabajo de más de 1.000 millones de personas depende de un medio ambiente sano. En otras palabras, proteger el medio ambiente es proteger esos puestos de trabajo.

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